Scroll Top

Nivell Publicitari. Hazlo grande

nivel001

El rebranding de Nivell Publicitari, o cómo una marca aprendió a contar su historia en una sola letra.

Hay marcas que cumplen años y marcas que cumplen historia. Nivell Publicitari llega a sus 25 con un logotipo que la ha acompañado desde el primer día: el mismo con el que se presentó al mundo, el mismo con el que se ganó la confianza de algunos de los clientes más reconocidos del país. Renovar una marca así tiene algo de paradoja. ¿Cómo cambias aquello que la gente ya reconoce sin que deje de ser ella misma?

Esa fue la pregunta con la que empezamos. Y, como casi siempre, la respuesta no estaba en lo que queríamos inventar, sino en lo que ya existía.

El encargo venía con reglas claras. No tocaríamos el naming: Nivell seguiría siendo Nivell. Y había un color que formaba parte de su ADN —el azul— que podíamos modernizar, pero no abandonar. Todo lo demás (la forma de presentar el nombre, su personalidad, su manera de mirar al mundo) estaba sobre la mesa. A nosotros nos gusta ese tipo de límites. Una marca no se cuenta desde una página en blanco; se cuenta desde lo que ya es. Nuestro trabajo era escuchar.

La pista estaba en cómo la llamaban

La primera revelación llegó del propio mercado. Nadie encargaba un trabajo a “Nivell Publicitari”. La gente decía, simplemente, “Nivell”. El apellido se había ido cayendo solo, a fuerza de confianza y de costumbre. Los clientes ya habían editado la marca por nosotros.

Ahí entendimos la jerarquía que el logotipo necesitaba: Nivell debía pesar, brillar y mandar; “Publicitari” tenía que acompañar, no competir. Dejaron de estar al mismo nivel porque, en la cabeza de quien la usaba, nunca lo habían estado. La marca ya nos estaba diciendo cómo quería verse. Solo había que darle forma.

Una letra con voz propia

Para que Nivell sonara como Nivell, huimos de las tipografías de catálogo. Dibujamos una desde cero, con una personalidad que no se pareciera a ninguna otra. Una empresa que imprime a lo grande no podía vestirse con la letra de todos.

Y entonces apareció la V. La V de Nivell tenía algo: si ajustábamos sus proporciones, si jugábamos con sus medidas y sus ángulos, esa V podía convertirse en un check. En ese gesto de hecho, correcto, conforme que todos reconocemos al instante. La dibujamos hasta que la letra y el símbolo fueron la misma cosa: un imagotipo cuya V funciona, por sí sola, como icono. Una marca que, literalmente, se da el visto bueno.

Es el tipo de detalle que resume nuestra forma de trabajar. El storytelling de una marca no siempre se escribe con palabras: a veces vive dentro de una letra.

Después recuperamos el azul, pero lo llevamos a un tono más actual y lo convertimos en territorio, en un fondo sobre el que respira toda la identidad. A partir de ahí desarrollamos el libro de estilo, que no se limita a ordenar usos y aplicaciones: invita a seguir jugando con el check allá donde la marca aparezca.

Make it big

Un buen relato necesita también palabras. Por eso, más allá del logotipo, buscamos un concepto que no tenía por qué aparecer como claim ni como headline, pero que nos permitiera generar imágenes, acciones y mensajes para cualquier soporte. Algo capaz de contar los valores de la marca sin tener que explicarlos.

Lo encontramos en dos palabras: Make it big. Hazlo grande.

Hazlo grande habla, claro, de la impresión en gran formato, del oficio de Nivell de llevar una idea hasta dimensiones imposibles. Pero dice algo más. Hazlo grande es también lo que Nivell hace por sus clientes: hacer crecer su imagen, ampliar su presencia, ocupar más espacio en la cabeza de quien los mira. Toda la ambición de la marca cabe en ese imperativo.

Con ese concepto como motor desarrollamos las aplicaciones de la nueva identidad. Y, para presentarla al mundo, montamos un evento que merece su propia historia. Pero esa la dejamos para la próxima publicación.

Si algo nos llevamos de este proyecto es una idea que repetimos mucho por aquí: una marca no es un logotipo, es una historia que puede seguir contándose. La de Nivell estaba a la vista desde el principio. Estaba en cómo la llamaban sus clientes, en la V de su nombre, en su manera de hacer crecer a los demás. Nosotros solo la escuchamos con atención y la ayudamos a hacerse grande.